corazón

¿Qué son los omega 3?
Aunque actualmente se habla muy a menudo de los ácidos grasos omega3, lo cierto es que se sabe de su existencia desde hace décadas. Según los endocrinólogos, estos ácidos grasos omega 3 son beneficiosos para la salud porque son poliinsaturados, mientras que los saturados son perjudiciales para el sistema cardiovascular y ,por tanto, se ha de limitar su consumo.

Existen otros tipos como los omega 6 que pueden estar contenidos en algunas fuentes de omega 3. En un principio se les denominó como vitamina F pero en posteriores estudios más precisos se determinó que formaban parte de los lípidos.

Otro detalle importante, respecto a los omega 3, es que el organismo no puede fabricarlos por sí solo y ha de buscarlos en los alimentos (al igual que las vitaminas y los minerales). Existen tres tipos de omega 3, que se encuentran de forma natural en algunos aceites vegetales y pescados. A continuación, veremos donde podemos obtenerlos:

– Pescados azules y semigrasos. Proporcionan los omega 3 llamados EPA y DHA. Se encuentran en sardinas, salmón, caballa, moluscos, crustáceos o anguilas.

– Productos vegetales. Son una fuente de alfa-linoleicos (ALA). Estos ALA, a su vez, se transforman en EPA y DHA, aunque esta transformación no tiene lugar o es incompleta en bebés, ancianos, diabéticos, tras sufrir una enfermedad vírica y en alcohólicos. Por tanto, estos grupos de población son los que más se pueden beneficiar de alimentos ricos en estos ácidos. Los ALA se encuentran en las semillas de lino, las nueces y su aceite, aceite de colza, aceite de verdolaga (en farmacias) o en algunos vegetales de color verde oscuro como el canónigo.

Beneficios

Consumir un gramo diario de omega 3 reduce el riesgo de arritmias y la mortalidad en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio. A dosis más elevadas, estos ácidos reducen los niveles de triglicéridos (grasas perjudiciales en exceso). Además de los beneficios cardiovasculares, ampliamente demostrados, actualmente está en estudio la posibilidad de que puedan ayudar a mejorar la depresión y la demencia así como reforzar el sistema inmunitario y reducir el riesgo de cáncer.

¿Qué son los omega 3?
Necesidad de consumir suplementos de omega 3

Realmente todos deberíamos obtener una aportación de omega 3 en nuestra alimentación consumiendo dos raciones de pescado azul por semana, aliñando las ensaladas con aceite de colza o comiendo nueces. Los suplementos nutricionales, en todo caso, deberían tomarse en función del trastorno que se desee corregir. En caso de mejorar el sistema cardiovascular y la depresión, el EPA es el más indicado. Para el sistema nervioso, vista y cerebro el DHA sería el más idóneo.

Entender las etiquetas de los productos

Resulta de gran ayuda aprender a descifrar las etiquetas de los alimentos y no comprar el producto simplemente porque lleve el nombre de omega 3. A continuación proponemos algunas pistas que pueden servir de ayuda a la hora de elegir un producto:

– Fuente de ácidos grasos omega 3. Se trata de un alimento que contiene un 15% de los aportes nutricionales recomendados por cada 100 unidades de medida. Estas unidades pueden estar expresadas en gramos (gr.), mililitros (ml) o calorías (cal).

– Rico en ácidos grasos omega 3. Contiene un 30% de cada 100 unidades de medida. En este caso conviene extremar la atención ya que un producto, teóricamente rico en ácidos omega 3, puede contener grasas saturadas o hidrogenadas que no son aconsejables para la salud.

El frío y las enfermedades cardiovasculares
El descenso de las temperaturas, propio del invierno, influye en las personas que padecen algún tipo de cardiopatía. Por ello, durante esta época del año se ha detectado un aumento en patologías como la angina de pecho, el infarto agudo de miocardio o la cardiopatía isquémica.

La explicación reside en el hecho de que el frío provoca un estrechamiento de las arterias y puede llegar a ocasionar una disminución en la cantidad de sangre que llega al corazón. Existen otros factores determinantes como la edad que asociada a enfermedades como la hipertensión arterial, diabetes o insuficiencia renal, hacen a la persona más susceptible de desestabilizarse ante un cambio brusco de temperatura. Esto se debe a que estas personas presentan mayor dificultad para mantener una temperatura corporal adecuada y su organismo no regula correctamente la cantidad de líquido necesario, por lo que el riesgo de deshidratación es mayor. Así pues, en el caso de las arterias coronarias, un descenso brusco de la temperatura provoca que estas se contraigan y ,en consecuencia, la llegada de sangre al corazón. El desenlace puede llegar a ser una angina de pecho o infarto.

Otra consecuencia del frío es la demanda de oxígeno por parte del organismo, haciendo que aumente la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Estas manifestaciones pueden producir espasmos en pulmones y bronquios que, a su vez, interfieren en la correcta oxigenación de los órganos, incluido el corazón.

Consejos

– Evitar salir a la calle sin abrigarse ya que el frío puede desencadenar los síntomas antes mencionados. En este sentido, usar la ropa adecuada al clima y la actividad que se realice.

– Limitar los esfuerzos físicos en las horas en que las temperaturas son más bajas: amanecer y anochecer.

– Conviene usar gorro pues la parte del cuerpo por donde se pierde más calor es la cabeza.

– Utilizar botas impermeables.

– Evitar salir de casa los días de frío extremo o mucho viento.

– El alcohol no aumenta la temperatura corporal.

– La nicotina contenida en el tabaco facilita los espasmos cardíacos.

Problemas cardiacos en las mujeres
¿Sabes cuál es la enfermedad que más amenaza la salud de las mujeres? ¿El cáncer de mama? ¿Cáncer de pulmón? ¿Alzheimer? Muchas mujeres se sorprenden al saber la respuesta a esta pregunta: las enfermedades cardíacas coronarias. Estas enfermedades suelen ser consideradas como “enfermedades de hombres” pero para tu información, que sepas que este tipo de enfermedades son la causa número 1 de muerte entre las mujeres de los Estados Unidos, según la Asociación Americana del Corazón.

Las mujeres tienen más probabilidades de morir de enfermedades del corazón que del temido cáncer de mama. Aunque las enfermedades del corazón no pueden ser completamente detenidas, los cambios en el estilo de vida pueden reducir considerablemente los riesgos de desarrollar estas enfermedades. Lamentablemente, varios mitos sobre las enfermedades del corazón y las mujeres persisten hoy en día:

– Los riesgos de sufrir diferentes enfermedades del corazón son independientes al sexo de la persona. Un pequeño ejemplo: como el nivel de estrógeno de una mujer baja antes y durante la menopausia, su riesgo de tener dañados los vasos sanguíneos más pequeños del corazón es mucho mayor.
– Las enfermedades del corazón se dan menos en las mujeres.
– Las mujeres jóvenes no deben preocuparse por estas enfermedades.
– Los hombres tienen más riesgos porque fuman más que las mujeres.
– Ciertas hormonas de las mujeres reducen el riesgo de las enfermedades cardíacas.

Estas concepciones son erróneas y conducen a muchas mujeres a una falsa sensación de seguridad.

Dieta sana para los enfermos cardiacos
Las enfermedades del corazón encabezan la lista de enfermedades más mortíferas en países como Estados Unidos. Afecta aproximadamente el 82% de las personas mayores de 65 años en adelante. Una buena dieta puede desempeñar un papel muy importante en la reducción de riesgos y ayudar a las personas que ya tienen enfermedades cardiacas a mejorar su bienestar.

Los alimentos llenos de grasas no son nada saludables, al igual que el exceso de azúcares que pueden causar la inflamación y la acumulación de placas en las arterias. Esto puede desembocar en un ataque al corazón o en un derrame cerebral. Una dieta sana no tiene por qué centrarse únicamente en la ingesta de alimentos blandos y en pollo sin piel. Debes aumentar los carbohidratos sanos, estos están cargados de fibra y nutrientes protectores. Algunos de los más importantes son:

• Frutas y verduras.
• Los cereales integrales como el trigo entero, la avena, el arroz salvaje y la cebada.
• Legumbres como los guisantes y las lentejas, judías, y garbanzos.
• Lácteos bajos en grasa como el queso, el yogur, el requesón y otros productos lácteos que especifiquen que son bajos en grasa.

Si tienes una enfermedad del corazón, habla con tu médico acerca de los suplementos de ácidos grasos omega3. Mantén las grasas saturadas por debajo del 7% de las calorías totales. Esto incluye el recorte de carne, la leche entera, quesos elaborados con leche entera, helados, mantequilla, manteca de cerdo, pasteles, galletas, mayonesa, etc. También debes controlar el colesterol y reducir los azúcares.